Dentro de las posibles lecturas que se pueden hacer de El Caballero de Olmedo, nos ha llamado soberanamente la atención el paralelismo que existe entre esta obra y las tragedias griegas. Después de volver a leer la obra fijándonos en los elementos que esta guarda con el teatro griego hemos podido comprobar como se ven reflejada en ella practicante todos los aspectos que Aristóteles recoge en su Poética y que no sería tan descabellado afirmar que esta obra es estandarte de un claro intento de Lope de Vega por crear una “tragedia española”.
Si analizamos la acción desde la óptica del teatro clásico vemos como, aunque en su extensión supera la revolución solar que señalaba Aristóteles, si que está concentrada en un conflicto que se desarrolla en tres etapas: presentación (protásis), exposición del conflicto (epítasis) y desenlace o catástrofe, que coinciden con los tres actos. Así, en el primer acto son presentados los personajes y su problema (Alonso quiere conquistar a Inés), entonces tiene lugar el incidente desencadenante, o peripecia que genera el conflicto (aparición de Rodrigo, pretendiente oficial de Inés), en el segundo acto se sigue enredando al situación y finalmente en el tercer acto tiene lugar de forma inesperada el climax (asesinato del Caballero). Finalmente Lope decide ser fiel a la fabula del Caballero y deja que este muera, sin embargo finaliza la obra con el restablecimiento orden preestablecido, justicia poética, que es aplicada con la intervención del rey (paralelismo a su vez del deux ex machina).
En cuanto a los personajes vemos como están jerarquizados y progresan. Pero sobretodo tanto Alonso (protagonista), como Rodrigo (antagonista) pecan de exceso de soberbia y orgullo desmedido (hybris) y por ello son castigados con la muerte. También se pueden establecer analogías con el resto de personajes: así, Fabia encarna el rol del mensajero y la Sombra funciona como oráculo.
Del mismo modo los temas que trata Lope con el Caballero, como la imposición social de los roles femeninos y masculinos, el honor, o los celos, tienen un carácter transcendente y universal paradigma de la conducta humana tal y como ocurre en la tragedia. Asimismo se lucha contra un destino predeterminado por los dioses, que en el caso de El caballero de Olmedo, es la leyenda que marca el transcurso de la obra, por medio de distintos adelantos de ese futuro/final trágico. En el lenguaje también vemos semejanzas con la tragedia griega en la que se intercalaban partes citadas con otras cantadas, recordemos la estructura especialmente lírica del Caballero.
En El Caballero de Olmedo están muy claramente reflejados los elementos fundamentales que según Aristóteles constituyen una tragedia:
- La fábula: mito del Caballero de Olmedo.
- La peripecia: cambios inesperados en el transcurso de la acción.
- La anagnórisis: que tiene lugar cuando el Caballero reconoce sus errores: “¡Qué poco crédito di a los avisos del cielo¡”(2465)
- El lance patético (pathos): sufrimiento final de Caballero que nos conmueve: ¡Dios mío piedad!¡Yo muero! Vos sabéis que fue mí amor dirigido a casamiento. ¡Ay Inés! (2476-2480).
- Al igual que los clásicos Lope consigue que a través de la empatía el espectador se identifique con el héroe trágico experimentando sentimientos de terror y compasión cuando el Caballero muere. Esto es lo que Aristóteles denomina como katharsis.
- El Caballero se comporta como el clásico héroe trágico, va contra corriente y se obstina en viajar a Olmedo a pesar de ser advertido por su entorno. Por lo tanto no puede conseguir su objetivo sin que eso conlleve su muerte física o moral. Además las consecuencias de sus actos afectan al resto personajes, incluso a aquellos que no han colaborado directamente en la acción, es el caso de Inés o de Tello.
Por todo ello creemos que plásticamente al Caballero de Olmedo se le puede aplicar el tono serio, solemne, ritual y simbólico que envuelve a la tragedia clásica potenciando así el mensaje del texto.
Ana Arcas



















































